La Fundación Louisenlund está reorganizando la educación, en todos los lugares donde asume responsabilidades como proveedor de escuelas e internados. Creemos que la verdadera educación debe ser personalizada: empieza por el individuo, no por el sistema. Se centra en el niño, no sólo en la materia. Y se centra en la pregunta ¿Qué necesita este joven para desarrollarse?
Nuestra visión es una escuela en la que se rompen las estructuras de clase y se hacen posibles los itinerarios individuales de aprendizaje. En este mundo educativo, los profesores asumen el papel de mentores. Acompañan, animan y desafían, no como impartidores de conocimientos, sino como forjadores de la personalidad.
Pero Louisenlund es más que una escuela. Como internado, somos un lugar de desarrollo personal 24 horas al día, 7 días a la semana: el aprendizaje se produce cuando comemos juntos, cuando discutimos cosas por la noche, en los conflictos y la reconciliación, en los proyectos y las amistades. Nuestros profesores viven con los jóvenes, son modelos de conducta, compañeros y escuchan, todos los días.
En este espíritu, nos vemos explícitamente en la tradición de Kurt Hahn y el internado reformista.
Louisenlund quiere preparar a los jóvenes para un mundo que cambia constantemente, a través de la globalización, la digitalización, la crisis climática y el cambio social. Para ello se necesitan personas con actitud y aptitudes de futuro: Habilidades de futuro como el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración, la madurez digital, el autoliderazgo y la responsabilidad social. Educamos a nuestros estudiantes en el espíritu del liderazgo servenat.
La pedagogía Louisenlund constituye la base pedagógica de esta visión. Combina un enfoque en competencias, un sistema de enseñanza modular y el método de aula invertida para crear un modelo de aprendizaje orientado al futuro que enfatiza simultáneamente las relaciones personales y el aprendizaje colaborativo.
Nuestra visión arquitectónica es una expresión de esta forma de pensar. Simboliza
- el granero, que representa el arraigo, el hogar, los valores y la identidad cultural.
- el invernadero con mucha luz y aire, en el que es posible crecer de forma individual y protegida.
- el garaje como lugar para la apertura, la innovación, la experimentación y el pensamiento emprendedor.
Nuestra arquitectura expresa esta actitud. Louisenlund hunde sus raíces en el siglo XVIII: en el castillo, el parque y la tradición. Al mismo tiempo, miramos hacia el futuro: nuestros centros de aprendizaje, talleres y observatorio son sinónimo de innovación, previsión y espíritu de investigación.
Louisenlund no es sólo un lugar, sino una actitud, ya sea en Schleswig-Holstein o en Ruanda. Entendemos la educación como una responsabilidad social y le damos forma en estrecha colaboración con padres, profesores, alumnos y antiguos alumnos.
Defendemos una educación que no clasifica, sino que fortalece. Una educación que anima en lugar de controlar. Una educación que inspira en lugar de reproducir. Nuestra visión es una escuela en la que los jóvenes crecen: en sí mismos, en los demás y más allá de sí mismos.